La infancia Interior
Cuanto tiempo ha pasado desde la última entrada, más de 12 años han sido. Hoy vuelvo, desde mi infancia hacia arriba. Mi anhelo es que pueda servir de escaparate o espejo para vosotros, lectores, y podáis encontrar en vosotras vuestra "Historia Interior".
Mi
Rebeldía y Yo
Cuando
era niña, yo me crie con tres hermanos más y una bebe, me sentía igual que mis
hermanos, quería ser chico como ellos aunque no me gustaban sus continuas
batallas y juegos de peleas por el suelo. Un buen día siendo aún pequeña (seis
años) el camino cambió; una riña de Papa por no tener puesta una camiseta
porque era verano y hacía calor hizo cambiar el rumbo. A partir de ese momento ayudar
en casa: fregar los platos, hacer desayuno para todos, doblar ropa y
calcetines, barrer, limpiar el polvo,
coser, etc., fueron cargados a mi persona poco a poco.
Yo observaba el comportamiento hacia mí y no
lo comprendía. En un principio, enfadada por el trato desigual entre mis
hermanos y yo. Si yo era un hijo más ¿por qué yo tenía tantos deberes y ellos
ninguno? Era injusto, veía injusticia en aquella situación.
En mí
surgieron dos vertientes de pensamientos diferentes:
·
La primera, era que el comportamiento
de mi madre era como el que me trataban de inculcar a mí, y yo no quería ser
una persona criada de la familia y del hogar: limpiadora, cocinera, lavandera,
mesera, niñera, guardiana del hogar; pero no, compañera, mamá, conversadora, o participadora
en la reunión social familiar, sino, una criada del hogar. Persona necesitada
para las necesidades de los demás pero que estorbaba en las conversaciones
sociales familiares por tener temas aburridos (tareas de hogar) con los que
participar. Los hombres necesitaban a las mujeres para que los cuidases a ellos
y a su hogar pero les estovaban en la vida social. Y así vivía la mujer de
antes que yo observé, en casa, esperando la llegada de marido e hijos, sola,
trabajando en el hogar, esperando un ratito de conversación que nunca llegó.
¡Tú no entiendes! ¡Tú no sabes! ¡Ojú! Siempre hablando de lo mismo…. Así,
aislada del núcleo del amor familiar.
·
La segunda, más profunda para mí,
por qué de pronto me trataban diferente…pensaba yo. No comprendía en aquellos momentos
que era porque era chica. No entendía de Género Social. Sólo entendía de Papas
e Hijos. Y desde esa perspectiva infantil comenzó mi razonamiento y mis
sentires posteriores. ¿Por qué mis padres y familiares me tratan diferente a
mis hermanos? –No comprendía. Comencé a pensar que el motivo no podía ser otro
que una falta de amor y/o de cariño. Encontré un motivo por el cual si querían
a mis hermanos y a mí no. El mayor porque era el mayor, el esperado, el
primero. El que llegó tercero porque era un niño muy buenazo y tranquilón. El
cuarto chico porque era un niño melindroso y con enfermedades en su infancia.
Mi hermana la pequeña, era una bebe, pequeñita, una delicia, no se enteró de
nada, muy mimada. ¿Y yo? Yo era la segunda, la niña del hogar, la cuidadora
detrás de la Madre, (la sub-madre). Ósea, sin amor, sin infancia y
adolescencia, educada para servir. Me sentía sin cariño, que nadie me
quería…..que no había amor en ese seno familiar para mí, tan solo un derecho de
pertenencia familiar. A veces quería morirme de dolor porque me sentía en
injusticia hacia mí.
Con ese daño en mi corazón transcurrió mi infancia
y juventud. Me convertí en una niña introvertida la cual estaba muy a gusto
jugando a solas consigo misma. Y a lo largo de la vida he ido observando esas
dos vertientes de pensamientos que llevaba siempre conmigo.
·
De la primera, observe mi
comunidad y me encontré con que eso que yo observaba tenía un nombre y que se
llamaba “Patriarcado” y que era un estilo Educacional Social, y que la gran
mayoría de la Sociedad se comportaba así con las mujeres. También que existía
algo que nos defendía que se llamaba: Feminismo. Feminismo que entre otras
tareas intentaba hacer consciente a la sociedad del derecho de los derechos de
la mujer.
·
De la segunda, descubrí que el
amor si estaba allí aunque no te lo daban abiertamente. Pero si lo tienen y no
te lo muestran es como si no lo tuvieran: ¡Cuánto amor me perdí! Según mi madre
era el “Ojito derecho” de mi padre. Maldita
educación Patriarcal que nos ha alejado del amor a hombres y mujeres.
Nacemos iguales. Nos separaban cuando teníamos
edad en donde los cuerpos comenzaban a
diferenciarse y cuando teníamos edad para trabajar en el hogar. Sin libertad de
elección pues cuando somos infantes somos inconsciente de ello.
