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viernes, 11 de septiembre de 2026


    La infancia Interior

   Cuanto tiempo ha pasado desde la última entrada, más de 12 años han sido. Hoy vuelvo, desde mi infancia hacia arriba. Mi anhelo es que pueda servir de escaparate o espejo para vosotros, lectores, y podáis encontrar en vosotras vuestra "Historia Interior".

Mi Rebeldía y Yo

    Cuando era niña, yo me crie con tres hermanos más y una bebe, me sentía igual que mis hermanos, quería ser chico como ellos aunque no me gustaban sus continuas batallas y juegos de peleas por el suelo. Un buen día siendo aún pequeña (seis años) el camino cambió; una riña de Papa por no tener puesta una camiseta porque era verano y hacía calor hizo cambiar el rumbo. A partir de ese momento ayudar en casa: fregar los platos, hacer desayuno para todos, doblar ropa y calcetines,  barrer, limpiar el polvo, coser, etc., fueron cargados a mi persona poco a poco.

    Yo observaba el comportamiento hacia mí y no lo comprendía. En un principio, enfadada por el trato desigual entre mis hermanos y yo. Si yo era un hijo más ¿por qué yo tenía tantos deberes y ellos ninguno? Era injusto, veía injusticia en aquella situación.

     En mí surgieron dos vertientes de pensamientos diferentes:

·         La primera, era que el comportamiento de mi madre era como el que me trataban de inculcar a mí, y yo no quería ser una persona criada de la familia y del hogar: limpiadora, cocinera, lavandera, mesera, niñera, guardiana del hogar; pero no, compañera, mamá, conversadora, o participadora en la reunión social familiar, sino, una criada del hogar. Persona necesitada para las necesidades de los demás pero que estorbaba en las conversaciones sociales familiares por tener temas aburridos (tareas de hogar) con los que participar. Los hombres necesitaban a las mujeres para que los cuidases a ellos y a su hogar pero les estovaban en la vida social. Y así vivía la mujer de antes que yo observé, en casa, esperando la llegada de marido e hijos, sola, trabajando en el hogar, esperando un ratito de conversación que nunca llegó. ¡Tú no entiendes! ¡Tú no sabes! ¡Ojú! Siempre hablando de lo mismo…. Así, aislada del núcleo del amor familiar.

·         La segunda, más profunda para mí, por qué de pronto me trataban diferente…pensaba yo. No comprendía en aquellos momentos que era porque era chica. No entendía de Género Social. Sólo entendía de Papas e Hijos. Y desde esa perspectiva infantil comenzó mi razonamiento y mis sentires posteriores. ¿Por qué mis padres y familiares me tratan diferente a mis hermanos? –No comprendía. Comencé a pensar que el motivo no podía ser otro que una falta de amor y/o de cariño. Encontré un motivo por el cual si querían a mis hermanos y a mí no. El mayor porque era el mayor, el esperado, el primero. El que llegó tercero porque era un niño muy buenazo y tranquilón. El cuarto chico porque era un niño melindroso y con enfermedades en su infancia. Mi hermana la pequeña, era una bebe, pequeñita, una delicia, no se enteró de nada, muy mimada. ¿Y yo? Yo era la segunda, la niña del hogar, la cuidadora detrás de la Madre, (la sub-madre). Ósea, sin amor, sin infancia y adolescencia, educada para servir. Me sentía sin cariño, que nadie me quería…..que no había amor en ese seno familiar para mí, tan solo un derecho de pertenencia familiar. A veces quería morirme de dolor porque me sentía en injusticia hacia mí.

    Con ese daño en mi corazón transcurrió mi infancia y juventud. Me convertí en una niña introvertida la cual estaba muy a gusto jugando a solas consigo misma. Y a lo largo de la vida he ido observando esas dos vertientes de pensamientos que llevaba siempre conmigo.

·         De la primera, observe mi comunidad y me encontré con que eso que yo observaba tenía un nombre y que se llamaba “Patriarcado” y que era un estilo Educacional Social, y que la gran mayoría de la Sociedad se comportaba así con las mujeres. También que existía algo que nos defendía que se llamaba: Feminismo. Feminismo que entre otras tareas intentaba hacer consciente a la sociedad del derecho de los derechos de la mujer.

·         De la segunda, descubrí que el amor si estaba allí aunque no te lo daban abiertamente. Pero si lo tienen y no te lo muestran es como si no lo tuvieran: ¡Cuánto amor me perdí! Según mi madre era el “Ojito derecho”  de mi padre. Maldita educación Patriarcal que nos ha alejado del amor a hombres y mujeres.

    Nacemos iguales. Nos separaban cuando teníamos edad  en donde los cuerpos comenzaban a diferenciarse y cuando teníamos edad para trabajar en el hogar. Sin libertad de elección pues cuando somos infantes somos inconsciente de ello.

namaskar 
La Dama del Sombrero