Adelaida tenía de pequeña, dos imágenes distintas de la persona que era su padre. Toda la infancia la paso escuchando hablar a sus familiares maternos, con los cuales se crio, lo distante que era su padre.
Cuando estaba con él ella lo veía alguien lejano, pero a la vez lo amaba, respetaba y seguro que también le tenía miedo. ¡Pues era tan serio!
Sin embargo, tiene aunque pocos, algunos recuerdos de ternura y juegos con él.
¿Cómo sería en realidad ese hombre del cual sus familiares hablaban?
Comenzó a observar todas las acciones de su padre y de los demás:
De sus familiares: que no aceptaban el comportamiento de su padre, por no entrar en su modelo de vida.
De los amigos de su padre: todos lo respetaban y lo veían como un gran hombre.
Para Adelaida, ¿Quién era en realidad su padre? ¿Quién era ese hombre que ella apenas conocía?
Se le pasó la infancia escuchando dos versiones distintas de él, y poco a poco se fue dando cuenta, donde estaba toda la verdad.
Os cuento todo lo que fue descubriendo:
Recuerdo: Mi padre escuchando en la radio las transmisiones deportivas el domingo por la tarde. Esa música del programa, que años después me devuelven a la niñez.
Recuerdo: Como alguna vez me cogía en sus rodillas y me daba saltos.
Recuerdo: Como hacia magia con los dedos de la mano.
Recuerdo: Verlo llegar por las tardes, del trabajo, y salir corriendo a darle un beso.
Recuerdo: Que cuando se ponía serio de verdad me daba miedo su mirada.
Recuerdo: Cómo decía que sería modista como su hermana, por ser una niña precoz y saber coser a máquina ya a los seis años de edad.
Recuerdo: La caseta de feria, siempre trabajando en la barra, sin aportación económica. Pero casi todos estaban igual.
Recuerdo: La asociación de vecinos, y el luchando por los demás.
Recuerdo: Todos los amigos en casa, cuando había que hacer alguna reforma.
Recuerdo: Escuchar a papa decir que le daba mucha vergüenza pedir favores.
Recuerdo: Que sus amigos, hicieron una colecta entre todos para que mi padre pudiera subsistir hasta la salida de su juicio laboral, el cual gano y prefirió volver a trabajar en la misma empresa.
Recuerdo: Siempre estaba trabajando, y después un ratito al bar.
Recuerdo: Como me gustaba el momento de la noche, cuando tras la muerte de mi abuela, él me llevaba cada día a dormir con mi tía para que no estuviera sola.
Recuerdo: Un día que me vio por la calle, me monto en su camión, y me llevo a hacer uno de sus trabajos. Fue especial, era chica y estaba en su camión.
Recuerdo: El único castigo que me impuso en su vida, por llegar tarde de la feria, mi madre me quería cubrir y que me fuera, pero fui incapaz de faltarle al respeto, saltando me el castigo. Tenía trece años.
Recuerdo: La primera vez que me trato como una señorita, en vez de cómo una niña, al presentarme a unos amigos que venían de lejos, tenia trece años.
Recuerdo: Cuanto le gustaba leer.
Recuerdo: Esa relación del alma, con su amigo-hermano, hasta su muerte.
Recuerdo: Que todas las personas que hablaban de él, siempre lo alababan.
Recuerdo: La puntualidad de cada tarde para cuidar de sus hermanos.
Recuerdo: Que se hecho toda la carga familiar, de cuidar a mama, cuando se prejubilo.
Recuerdo: La mirada, cuando mi madre le dijo, a mis dieciséis años, que yo estaba embarazada.
Recuerdo: La frase más tranquilizadora, “que vamos a hacer, si están en la edad de que les pases esas cosas”.
Recuerdo: Que él no vino al hospital en el nacimiento de mi hija. ¡Nunca lo entendí!
Recuerdo: Ya de mayores, uniéndonos a todos frente a la mesa, para tener a todos sus hijos siempre cerca.
Adelaida tenia con su padre algo que para ella era, un lazo de unión, en su relación con él. Eran de equipos de futbol diferentes, y tenían un continuo debate para defender sus colores, en el fondo una conquista extraordinaria de acercamiento hacía su padre. Cuanto más conocía a su padre más se identificaba con él, hasta en los colores. Pero jamás se cuestiono tan siquiera el decírselo, por miedo a que la tachara, de lo que se suele decir en el lenguaje coloquial del futbol “volverse una chaquetera”. Pues era la opinión de su padre a ese respecto.
Cuando en realidad Adelaida descubrió a su padre fue tras su prejubilación. Compartiendo con él muchos momentos de charlas y de complicidad en las tareas que cada cual tenía. Ella se veía reflejada en un espejo con su padre.
El cumplió su promesa, hasta el final de sus días, de cuidar de sus hermanos.
Haciendo vista atrás de quien era su padre, ella se encontró con un ser maravilloso, dado a los demás, bondadoso, humilde, recto, respetuoso.
Era querido y respetado por todo el mundo, ERA UN GRAN HOMBRE.
Pero se olvido de algo, de quererse a sí mismo, y Adelaida lo descubrió cuando su padre falleció. Encontró entre sus papeles, cartas, recetas médicas, pruebas médicas y citas, todo sin abrir. Recordó entonces una frase que él decía. “A mí no me gustaría jamás ser de mayor una carga para nadie”.
Sagitario.
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