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jueves, 4 de agosto de 2011

Un cuento: Un rincón.

Hola soy Adelaida. 


                                                      
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                  
 
         La niña que todas llevamos dentro, y hoy  os quiero contar un cuento.
                                                     
                                                                  UN RINCON.
                                                           Un rincón en mí vida.
Cuando era pequeña buscaba siempre un rinconcito donde estar a solas conmigo misma, para dejar volar mi imaginación ¡pues esta era grande!,  me daba vergüenza expresarla y que se burlaran de mí. Sentía que nadie me comprendía, que yo era distinta a los demás, y por eso no encajaba en ningún grupo de niños. Y estar a solas con mi imaginación se convirtió en mi juego favorito.
Mi primer rincón fue, el pasillo de casa detrás de la puerta, allí ordenaba mis juguetes  y me echaba con los ojos cerrados a no pensar. Pero los mayores no me entendían, era mi mundo, mi pequeño espacio, mi refugio del mundo exterior, donde me encontraba segura, y me reñían, pues decían que siempre estaba durmiendo ¡que tontos! ¡Si supieran lo feliz que era yo!
Soñaba despierta con cuentos de princesas, donde había mucho amor, e imaginaba escenas felices que yo deseaba se hiciesen realidad.
¿Se puede ser más feliz? que ¿sintiéndose feliz interiormente?
Mi casa cambio y entonces yo hable con mama.
 Mama yo quiero para mí la habitación que está en el fondo.  ¡Por favor!  Además ¿puedo usar para mí el rincón que está en la azotea de la casa detrás del castillete de la escalera?
 Ella lo vio una tontería, pero accedió.
Mi corazón se lleno de alegría por fin un rincón pequeñito y escondido solo para mí. Mi rincón, mi amado rincón, era de un metro cuadrado y al aire libre, en mi azotea, donde el techo era el cielo.
Desde él miraba  las estrellas y buscaba descubrir las constelaciones, aunque por aquel entonces yo no tenía ni idea de que significaba  esa palabra. Solo me llamaban tanto que no podía dejar de mirarlas.
 Pensaba que desde allí vendría algún día mi príncipe azul, e imaginaba como seria, si simpático o serio, si guapo o feo, si sería muy inteligente.  Y cuando estaba triste le preguntaba ¿Cuándo  vendría por mí?
Pensaba que persona seria yo de mayor, que profesión tendría y me imaginaba de modelo, de azafata de vuelo, aprendiendo inglés. Me gustaba viajar y sería una forma de viajar barata y sin reproches de los mayores por querer ver el mundo.
 Sin embargo en una encuesta del colegio para saber que profesiones nos gustaría tener en el futuro MENTI, conteste que ama de casa, como iba a contestar la verdad, era mi secreto. Como le iba a contar a nadie mi secreto, el secreto de mi rincón, se reirían, como lo hacían cuando contaba mis sueños que eran tan reales para mí. Solo las estrellas me sabían escuchar y me guardaban celosamente todos mis sueños y pensamientos.
Fui creciendo y en cada cambio de casa buscaba mi pequeño rincón donde estar conmigo misma, comencé  a necesitar expresar mi interior a través de la escritura, y aunque tenía amigas, mi rincón siempre fue mi gran secreto.
Ahora de mayor, tener un espacio íntimo y personal es importante, aunque algo desordenado como mi vida, pero lleno de historias, sueños, fantasía,  alegrías, tristezas y todo mi encanto personal.
Y lo más maravilloso, la mayoría de esos sueños de la infancia se han convertido en realidad. Y en el rincón de mi vida pienso sino serian esos sueños de la infancia pequeñas profecías de mí propio futuro. Futuro que hoy se ve con una luz especial.

                                                                                      namasKAR.

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