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jueves, 11 de agosto de 2011

Historia de un Cambio entre MADRE E HIJA.

                                                         
                                                Relación Madre e Hija.
Adelaida  sentía por su madre unos sentimientos de Amor-odio, que la hizo sentirse culpable por ello, toda su vida. Solo tras la muerte de su padre, al volver hacerse responsable de sus cuidados, se dio cuenta cuanto amor entre ellas había.
Adelaida era una niña sensible y muy cariñosa, nacida en el seno de una familia humilde, era la segunda de cinco hermanos. Entre ellos tres niños y una niña la más pequeña. En su casa existía un problema que afectaba a todos los familiares, su madre estaba enferma, le daban ataques de Epilepsia con cierta frecuencia. Para Adelaida es lo más impactante que recuerda desde que tenía uso de razón.
Por ello siempre había en casa algún familiar femenino para ayudar a su madre en las tareas de la casa y cuidar de ella y de sus hermanos. Su abuela y tías llegaban a limpiar, pero Adelaida solo veía que esa ayuda siempre iba acompañada de discusiones por todo el trabajo que había por hacer; y que su madre estuviera en la cama o ¡no!, en esos momentos, solo agachaba la cabeza y aguantaba el chaparon de críticas por parte de ellas. Tenía que soportar que  menospreciaran a su esposo por no echarle una mano con los hijos. Adelaida veía muy triste como su madre no se  enfrentaba a su familia, pues ¡la necesitaba! y solo se permitía con una voz tímida intentar defender a su marido diciendo que ¡sus razones habría para ello! Con ello solo encendía más a su gente, que no entendía como lo podía defender tanto, si estaba sola todo el día.
Adelaida fue creciendo en ese ambiente y empezó a crearse sus propias opiniones, Inconscientemente empezó a sentir lo débil que era su madre, que la opinión de cualquier persona pasaba por encima de ella. Y por ende todos tenían la potestad de reñirles a ella y a sus hermanos, sin que su madre  saliera en su defensa. Adelaida aparentemente lo entendía, su madre no se podía revelar necesitaba la ayuda, era demasiado para ella, la casa, los hijos, la enfermedad, etc. Empezó entonces para Adelaida un sentimiento de rechazo y distanciamiento, que con el tiempo ¡sintió mutuo! y que la llevo a tener con su madre  una relación fría y llena de discusiones. Su madre no podía permitir que alguien por debajo de ella también intentara darle órdenes y para Adelaida era luchar por no verse reflejada en ese espejo.
Pero ¿en qué espejo se debía de mirar?                                                                     ¿Dónde podía encontrar un modelo de madre que le sirviera de guía?
Aquellas otras mujeres de la familia tampoco le parecía que tuvieran ese amor y protección que ella buscaba. Así fueron pasando los años, aunque rodeada de su gente, fue creciendo sola interiormente. Ella no era consciente, pero Le cogió miedo a expresar sus ideas a la gente, a reírse con todas las fuerzas; podían ser síntomas de ser enferma como su madre y que entonces la tratasen como a ella.
Adelaida se convirtió así en una niña tímida incapaz de expresarse libremente, su mayor deseo compartir con los demás niños sus juegos, cantar y bailar en público, pero no podía se quedaba allí parada, inmóvil, asustada, luchando por salir corriendo al escenario o quedarse quieta. ¡Siempre se quedo quieta!
 Un buen día se encontró, siendo aun muy jovencita, con la responsabilidad de su casa y el invertir los papeles y ser ella la madre de su madre. Era una carga tan grande que la superaba emocionalmente, y que le causaba sentimientos que no sabía expresar, porque eran sentimientos de amor-odio por una persona que se supone debes de amar por encima de todas las cosas.
Es su madre ¿Cómo podía sentir odio por su madre? ¿Qué clase de hija era? Ello la hacía tener un gran remordimiento de conciencia y deseos de huida. Tal vez ese remordimiento la llenaba de ira contenida que explotaba en grandes disputas con su madre. En todo este caos ¿Dónde estaba el amor? Ella no lo encontraba.
Adelaida, se supone, fue  madurando como adulta y empezó a sobrellevar mucho mejor la relación con su madre; cuando, tras descubrir un documento que decía el porcentaje de minusvalía síquica que tenía. Acepto que era emocionalmente una niña pequeña, y que tratándola como tal, pero a su vez haciéndole sentir que era la REINA de su casa la relación entre ambas empezó a funcionar.
Cuando la salud de su madre comenzó a decaer, Adelaida sintió la necesidad o el deber, de dar a su progenitora la mejor calidad humana de vida posible. ¿Por amor?,  ¿por deber?, ¿por devolver los cuidos que un día le fueron dados?, ¿Cuál era ese verdadero motivo que la llevaba a hacer todo lo mejor posible por su madre? ¿Sentimiento de culpabilidad tal vez? Y ¿Si fuera eso? Todas estas dudas a Adelaida la hacía sentir más culpable aun por no tener claros los sentimientos que tenia hacia ella, solo tenía clara la intuición de que tenía que hacer feliz a su madre hasta el último día de su vida.
En una ocasión, en casa de Adelaida, su madre callo por las escaleras haciéndose muchas magulladuras y una gran brecha en la cabeza. La atendió y después entro en un llanto desconsolado era mucho más fuerte que ella y no podía dejar de llorar. Pensaba el por qué de ese desconsuelo ¿Por qué le había pasado ese accidente bajo su responsabilidad? Y sus hermanos la podían recriminar de no cuidarla bien. ¿Era por la angustia de verla sufrir en silencio? Y ¡verla tan desvalida! ¿Sería pena?, o eso ¿Era realmente Amor de hija?
Adelaida intentaba que fuese lo más feliz posible el tiempo que le quedara, le ofreció todos los cuidados personales, compañía y comprensión. Su madre cambio con ella y la empezó a respetar y ese respeto se volvió mutuo, aunque por ello no faltaran pequeñas discusiones entre ellas. Su madre la valoraba, eso fue algo muy importante para Adelaida, y cuando estaba en sus últimos días no quería que se fuese de su lado, aunque  pedía a sus hijos que la ayudaran; ya que se llevaba día y noche con ella en el hospital.
Con el paso del tiempo y el transcurrir de la vida, Adelaida se dio cuenta de cuánto la echaba de menos, pues aunque fuese como una niña pequeña, era su madre y estaba allí. Aunque  ella tuviera que protegerla, también sentía la protección de ella, tan solo con su presencia. Ahora que se marcho para siempre, sí que se sentía sola en este mundo. Se alegraba de haber seguido su intuición y su inconsciente, y haber vivido una relación con su madre más cercana. Descubrió entonces, que todo lo que vivió con ella fue  una relación de amor muy grande. Que pudieron  encontrar la manera de demostrarse cuanto se querían la una a la otra, aunque nunca se atrevieran a manifestar ese amor, con palabras.  
                                                                        Sagitario.
                                                                         namasKAR


1 comentario:

  1. "Es su madre ¿Cómo podía sentir odio por su madre? ¿Qué clase de hija era? Ello la hacía tener un gran remordimiento de conciencia y deseos de huida. Tal vez ese remordimiento la llenaba de ira contenida que explotaba en grandes disputas con su madre. En todo este caos ¿Dónde estaba el amor? Ella no lo encontraba."
    No sólo se debería mirar hacia detrás, también hacia lo que se tiene delante. Tal vez para que no pase lo mismo? Para que no se sienta esa falta de amor? Tal vez por no perderse el presente y lo que se tiene, porque una cosa es categórica, que el tiempo que pasa no vuelve.

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