AUTOFICCIÓN: Quita Practica.
FLUIDOS NECESARIOS.
Absorta en mis pensamientos delante del ordenador, no me daba cuenta que, por la ventana entraban los primeros reflejos de la luna. Pareciera que me miraba directamente a los ojos. La miré, tan penetrante como ella me miraba a mí, compartiendo entre las dos una intimidad sagrada. Un ruido distrajo mi atención. Era un carruaje negro con las cortinas echadas, uno de esos cacharros de hace más de un siglo, tirado por dos hermosos caballos blancos. Se detuvo justo delante de mi portal. El cochero abrió la puerta del carruaje, ayudando a salir de él, a una hermosa dama. Su cara me sonaba, ¿quién era? De pronto llaman a mi puerta, como está entre abierta, sólo contesto: Pase por favor.
Me giro para ver quién entra y, allí está ella, esa mujer que reconozco enseguida. Es la actriz de teatro más famosa del país y, la tengo frente a mí, observando en silencio mi habitación; los libros de la estantería que están de frente al entrar, la cama, desordenada llena de notas y lápices, la luz en penumbra de la lamparilla de la mesita de noche y a mi persona que sé ha levantado de la silla y se encamina hacia ella.
--Hola, buenas noches. –soy. – Sí. – sé quién es usted. – Venus. ¡Verdad! —La actriz de la obra de teatro. “Venus entre los Dioses del Olimpo” – Le conteste. Sin dejarla apenas hablar, por mi asombro. -- Y ¿vos sois, la escritora Adelaida Zirú? – Preguntó ella. – Si, llegó bien encaminada. ¿Qué desea de mí? – le respondí. -- Pues vera. – Dijo Venus. Tiene unos instantes para dedicarme. Necesito proponerle algo. --Claro que sí. – Conteste, sin dudarlo. Sentía gran curiosidad por lo que esa gran mujer necesitaba de mí.
--Tome asiento por favor. --Le indique. Dirigiéndola hacía el pequeño sofá que hay entre la librería y la mesa del ordenador. Le ofrezco algo de beber pero, reuso con la escusa de la dieta, cualquier bebida. Quedamos unos minutos en silencio, respiro hondo y, comenzó a hablar.
--Necesito que escriba un texto para mí. Que lo publique para mis admiradores, para mi público, para que entiendan las razones de mi retirada de los escenarios. --Quedé perpleja al escucharla. –No podía dar crédito a mis oídos. La mujer con más glamur del mundo, se retiraba. ¿Cuáles serian sus razones? – Pensé toda intrigada.
Como vos sabréis soy una mujer con mucho poder y mucha influencia sobre los hombres. Aunque esa influencia es tan falsa como la belleza. Ellos te la otorgan porque eres bella y en su afán de conquista son capaces de pagar un alto precio, pero que retiran en el momento que llega otra más bella que tú, o tú, pierdes la belleza.
Llevo tantos años interpretando este personaje que, lo confunden conmigo. He jugado con los hombres, haciendo uso de ese poder, de una manera absolutamente cruel. Les he hecho sufrir postrándolos bajo mis pies. Ellos no han cambiado en miles de años, pero yo no soy culpable, ese es el juego que ellos quieren jugar. Quieren sentirse poderosos con la conquista, ofreciendo un poder fantasma, que te quitan cuando ya no les interesa; dejándote tirada sin valor ninguno. Yo pensaba que era una diva, una súper woman, irresistible, por lo cual todos caían bajo mis encantos; más me ha dado cuenta que, por el contrario, era yo quien era utilizada por ellos, para sentir el gusto del cazador por su presa y la colocación de victorias ganadas frente a una guerra entre ellos para conquistar a tal o cual mujer.
Quiero volver a ser yo, A ser esa persona anónima, que es capaz de mirar a un hombre a los ojos y ver su sencillez, su bondad, su simplicidad. Sin sentir en mis hombros la envidia de otras mujeres por las conquistas conseguidas, sin saber que son ellas las que me causan envidia a mí, esas mujeres, que pintan, que cantan, que escriben, que luchan por razones poderosas en la vida. Esa mujer quiero ser yo. Ese es el poder en verdad de la mujer, no el creer que dominan a los hombres. Quiero ser feliz con cada instante de mi vida.
--Escriba esto en una bonita carta. --Agradeciendo, al público que me ha querido de verdad. –Y, -- Le doy las gracias, por ayudarme a expresar los motivos de mi marcha. --Qué, no es una marcha en realidad. – Sino, subir a lo más alto, a mi yo. – no, a la imagen que quieren ver en mí.
Venus se levantó, sonrió, se encamino hacia la puerta y la cerró tras de sí. El cochero entró y me entregó un sobre con dinero y algunas pequeñas indicaciones más, cómo donde tenía que publicar el escrito. Por la ventana observé cómo se alejaba el carruaje, en esta noche clara, que me había dejado sin palabras; al escuchar a esa, ahora, todavía más grande diva.
Sagitario
NamasKAR
04/07/2012

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